Juan Guaidó mantiene la pelea en la calle pese al cerco de Maduro

Escrito por el 8 abril 2019

Juan Guaidó llegó ayer hasta el punto de concentración en el este de Caracas sabedor de que su desafío contra la todopoderosa revolución y sus aliados mundiales está hoy en la encrucijada, tal vez el momento más complicado desde que asumiera el liderazgo opositor el 5 de enero. El presidente encargado llamó a las calles para protestar por el colapso eléctrico, provocado por dos décadas de corrupción y desidia, y también para preparar la Operación Libertad, con la que se pretende realizar la llamada “toma de Caracas”.

Nos quieren acostumbrados, nos quieren dóciles, nos quieren dormidos en nuestras casas. Pero, ¡no nos acostumbramos! ¡No vamos a permitir que los ladrones y corruptos se queden con nuestro país!”, clamó el presidente del Parlamento democrático, quien en la última encuesta de Hercon mantiene, pese a todo, un 77,9% de aceptación nacional. Y es precisamente esto, su popularidad y la esperanza que ha despertado en la inmensa mayoría del país, las que necesita mantener vivas en medio del cerco revolucionario contra él mimos, inhabilitado y sin inmunidad parlamentaria, y en plena tarea diaria de supervivencia.

El discípulo de Leopoldo López sabe que el país ha sufrido un puñetazo de realidad por obra y gracia del colapso eléctrico, que ha extremado el drama social. En semejantes circunstancias, sus estrategas se conforman con mantener el pulso en la calle, imprescindible para que los aliados internacionales estrechen su cerco contra el gobierno bolivariano. Y esperar momentos mejores por llegar, pese a que los grupos más radicales de la oposición le exigen que pida ya la intervención militar de Estados Unidos. El miércoles se repetirán las protestas callejeras

“Este es un movimiento que no se va a detener, por duro que sea”, prosiguió Guaidó, quien precisó que la Operación Libertad se encuentra en su fase inicial, pese a que ya cuenta con más de 2.000 comités de ayuda y libertad. Una forma de bajar las expectativas de quienes creían que la toma de Caracas, y la consiguiente marcha frente al Palacio presidencial de Miraflores, era cuestión de horas.

Pese a todo, los opositores se desplegaron, miles y miles, por todo el país, aunque no con los ríos humanos de enero y febrero. No fueron concentraciones masivas, imposibles en las actuales circunstancias. Además, la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) regresó a primera línea de la represión, sobre todo en Barquisimeto y Maracaibo, donde los militares retuvieron a los diputados Nora Bracho y Renzo Prieto. “Fui arrastrada y golpeada por un funcionario, me dijo que me iba a matar. Allí quedaron detenidos ocho jóvenes y unos señores que no estaban haciendo nada“, criticó Bracho tras recuperar la libertad.

En el ánimo opositor también incide las críticas internas de los más radicales contra Guaidó, a quien acusan de no apostar por una resolución rápida (imposible) tras dos décadas de revolución. “Todo lo avanzado hasta ahora ha sido posible gracias al apoyo ciudadano. Y, sin ello, ¿qué más se puede hacer? Incluso las acciones más fabuladas por muchos requieren de esta condición“, resume el politólogo Ramsés Siverio.

“Después de 72 días desde el 23-E (juramento de Guaidó) no pueden negarse los avances. Al mismo tiempo, los rigores de la crisis han hecho frágil la supervivencia de la gente acentuando el drama social“, añade el analista Alberto Ray, quien recuerda además que EEUU ha dicho que la activación del artículo 187 de la Constitución (que algunos interpretan como la posibilidad presidencial de reclamar una intervención internacional) aún no es una opción.

Las últimas sanciones de EEUU, conocidas el viernes, confirman que la apuesta de Washington es mantener la presión internacional. El Departamento del Tesoro ha tomado medidas contra las empresas y los buques que transportan petróleo desde Venezuela hacia Cuba, tal y como previamente había exigido el Parlamento venezolano. “Es un crimen de lesa humanidad”, se quejó ayer Diosdado Cabello, número dos de la revolución.

En el otro lado, el chavismo insistió en su habituales contramarchas, sólo en Caracas, rellenada a la fuerza con funcionarios, milicianos y acarreados, multiplicados gracias a su propaganda y a la censura de los medios de información. Si algo sabe hacer la revolución es retroalimentarse con el caos que ella misma genera, como se ha visto desde el 7 de marzo, cuando el primer apagón sumó al país en la oscuridad relativa en la que todavía permanece.


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